miércoles, 10 de noviembre de 2010

Hombres necios que acusais...


.... a Anita sin razón... sin ver sin ver que Anita es quien tiene la razón...

jaja o algo así.

Se preguntarán por qué, he aquí la historia sin sentido de dos hombres que quieren culpar a una inocente dama que sí tomó sus lecciones de manejo y pasó con 10 ( bien nerd).

La hermosa y distinguida dama, manejaba a casa después de un largo día de trabajo con rumbo hacia su guarida. En el camino unos autos incautos iban provocando algunos disturbios, como de costumbre y un taxista y un desgraciado sin miedo. Del taxista me libré y alcancé a frenar con el incauto kamikaze, me freno de golpe para evitar un choque aparatoso, todos lo hicimos, dos segundos después, un junior estampa su moto en mi defensa. ¡Wow! literalmente, ese no lo vi venir, y creo que piensa que puede atravesar objetos sólidos, no le fue bien en la materia de física, y en definitiva no le ha ido bien en la diferenciación racional de una mujer.

Eso me recuerda, qué muy seguramente no ha terminado de entender que a una mujer, y que jamás jamás le digas que no tiene razón cuando todas las evidaencias están a favor de ella. Menos aún, cuando no hay nada "pior" que encontrarse a un hombre necio y a su retoño en combinación con que este último no sepa nunca hacerse cargo de sus acciones.

Volviendo a la estrellada, el pequeño mocoso quería que le pagara lo que él mismo provocó, y me dijo: "te me frenaste derrepente", no fue por alcance, se me derrapó la moto. En este punto estaba ya realmente fastidiada, y la única forma de librarme del mocoso y cobrar mi tiempo perdido fue diciendo lo que tanto odian que les diga una mujer : "¿quieres apostar que yo tengo razón y que fue por alcance?". Y así como Dios manda, las flores florecen y la gravedá te mantiene los pies en la tierra, el tránsito (al cual por cierto debo felicitar por su trabajo) puso en su lugar al papi y al hijo, por lo que me pareció excelente que lo regañara por ir en un carril de alta velocidad y al padre por meterse en los asuntos del jr.

En pocas palabras debo decir que las palabras clave fueron "usté es mayor de edad como para hacerse responsable de sus actos y usté si no estuvo cállese".

Moraleja: si eres un hombre necio que acusa a las mujeres sin razón, cuídate porque puedes terminar pagando una multa en tránsito.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Mi querida Magnolia




Te he escrito cartas con dulzura y con la esperanza de que algún día podré tocar tu piel mulata de nuevo. Mi querida Magnolia, tus manos han dejado de escucharse cayendo sobre mi cabello, tus dientes perlados ya causan calofríos en mis piernas. Mi flor perfumada de hierbabuena, no recuerdo ya tu cascada de ébano callendo sobre tus hombros, ni tu voz africana caminando por los pasillos de mi ventana. Es como si el río te llevara con la cristalina corriente y su caudal ensordeciera tus gritos de amor.


¿A dónde te has ido flor de árbol firme? ¿En dónde te he de encontrar ahora? Es como si detrás de mi hubiera un violinista que tocara una sonata ante tu ausencia. Mulata, mezcla de orígenes, si un día regresas aquí te dejo dos rosas con las que me despido de tus labios azucarados y de tus ojos negros.


Dejaré de ver tu cuello de gacela bajo el sol, y dejaré todo tal cual quedó, en el patio tus telas de colores secando cerca de la fuente para que te vistas nuevamente, tus jarrones llenos de agua clara por si tienes sed de regresar, la huerta llena de frutos por si tienes hambre de empezar, y la casa con un ramo de Magnolias que glorifiquen tu nombre en el altar de nuestro hogar.


Adiós Magnolia, de ti no me llevo ni tu imagen, te lo dejo todo... todo.



sábado, 23 de octubre de 2010

Salto al vacío.



Sus pies al borde del precipicio, la tormenta se aproximaba en ráfagas de viento heladas y grandes gotas de lluvia. En plena oscuridad y sin saber hasta dónde tocaría fondo. Los nervios le hacían sudar, su corazón latía tan rápido como un tambor en plena guerra que prácticamente era imposible escuchar los truenos que caían esa noche. Llegó temprano, y esperó a que su momento llegara. Debía darse prisa o las bestias del pasado le alcanzarían y le destrozarían el corazón. Saltaría al vacío en plena oscuridad para poder ser libre, lo demás, ya no importaría.

Estiró los brazos, levantó la cabeza para mojarse la cara con la lluvia y tomó un trago profundo de aire. Se paró sobre las puntas, lista...


-¡Ilka! estás loca.
- Ya me lo han dicho.
- No saltes.
- ¡Debo hacerlo.... quiero hacerlo!
- Estás temblando
- Sí, es que tengo mucho miedo.
- Entonces no lo hagas.
- Eso no es posible Otto.
- Pero estás aterrada.
- Es la única forma de ser libre.
- Mejor vámonos, aun queda tiempo, las bestias no aparecerán todavía.
- ¡NO! si me voy tendré que huir de las bestias de mi pasado toda la vida. Saltaré.
- No sabes lo que hay allá abajo, es peligroso, ¡podrías morir o salir herida!
- Tomaré el riesgo, ya no tengo nada que perder.

Se lanzó al vacío en plena oscuridad, Otto no podía creerlo, un gruñido extraño le hizo voltear, las bestias del pasado le rodeaban ahora, no había retorno, o saltaba junto con Ilka o moriría con el corazón destrozado. En ese momento comprendió a Ilka, tenía razón, no sabría si abajo le esperaría la muerte o no, pero cualquier cosa que viniera después era mucho mejor que morir en garras del pasado.

Otto también saltó, justo cuando unos dientes filosos se clavarían en la pierna. Justo en ese instante sintió una fresca y húmeda brisa en el rostro, sin nada que le contuviera la caída al vacío. Sintió aquella libertad de la que hablaba Ilka, ya no más miedo, el terror se había disipado, los miedos y prejuicios de la vida, no pensaba nada, sólo vivía el momento, era feliz en esos instantes; en cualquier momento la encontraría. Un sordo golpe quebró los huesos de Otto, cayó justo ahí a lado de Ilka quien tenía los ojos abiertos y respiraba con trabajo, el golpe le había hecho estallar las víceras y sangraba de la cabeza, ya no podía moverse. Él lo intentó y se lo impidió un agudo dolor generalizado, inmóvil le costaba mucho moverse siquiera un poco.

- Te estaba esperando.
- Tenías razón, es la libertad, no siento el cuerpo, pero no tengo más que temer.
- Ya no podrá alcanzarlos el pasado.
- Lo que nos aguarde lo podré sobrellevar. No había mucho tiempo para pensar allá arriba.
- Me alegra que estés conmigo.
- A mi también, no te habría dejado sola. Por eso quería que regresaras.
- Lo sé, no podía entregar mi corazón al pasado me hacía sufrir.


Ella sonrió con la más gentil de las sonrisas y lo miró a los ojos, Otto le respondió. Ambos como pudieron y a pesar del dolor que les provocó la colisión, se tocaron un poco las manos, como una diminuta y extraordinaria conexión. Poco a poco la lluvia lavaba la sangre derramada y el viento gélido les cerraba los párpados. Qué importaba si morían en ese momento, lo arriesgaron todo para salvar el corazón de la bestia mortal de las heridas pasadas. El sabor de esa libertad fue incomparable a todo.

Por la mañana se encontraron dos cuerpo húmedos que yacían rotos y sonrientes. Decidieron morir juntos después de vivir en el vacío sin la atadura, corazones intactos que ya no tenían pesar.

lunes, 18 de octubre de 2010

Querido tío Ale:




¿Sabes? de tu visita me quedé pensando, y fue hasta ahora que he reflexionado todo lo hablado y compartido, que he decidido dedicarte este post. Yo hice el comentario de que tal vez lo que necesitabas era un cambio de actitud, "¿cuál? ¿cómo?", preguntaste tú. Bien, en ese momento no habría podido dar una respuesta, y tal vez ahora menos, ya que no te conozco del todo y tampoco eres mi paciente. Sin embargo, lo que yo dije y lo que tu dijiste y lo que todos dijimos en unas cuantas horas me hizo pensar, pensar y pensar en por qué demonios a esta familia va tan mal en el amor.

Hoy después de mi hora reflexiva de la semana, llegue a la fabulosa conclusión de que esta familia nació con un defecto en el corazón. ¡Sí! tal como lo oyes, un defecto en el corazón. Fue un momento de acibaradas confrontaciones las que me llevaron a la subsecuente información: Tenemos una fuga en el corazón, irreparable y que se desborda. En consecuencia, en conciencia y esencia lo sabemos. Quizá, lo peor de todo, es que es un mal irreparable, la llave que deja fluir el amor que llevamos dentro abre pero no cierra, corremos aún más el riesgo porque somos una familia que va por la vida con la llave pegada al cerrojo de la puerta del corazón. Es una cualidad o defecto de nacimiento y herencia que nos pone en riesgo.

No hay cura ni hechizo que lo deshaga. Te preguntarás ¿cómo hacer entonces? ¿morir desangrando amor? ... No... la única forma es poder depositar todo eso que se nos escapa de las manos en un otro que esté dispuesto a recibirlo sin condición, un otro al que nunca le parezca ni poco ni demasiado, que no nos haga sentir vacíos, ni colmados. Que esté dispuesto a llenar lo que ha vaciado y sobre todo a quitar esa llave que llevamos ahí pegada, de devolverla a nuestras manos como señal de que sabe cuidar lo más preciado para nosotros, que está dispuesto a esperar a que tu le abras y no que la abra cada que se le antoje. Si puedes apreciar lo sutil, posiblemente esta es la actitud a la que debemos encaminarnos. ¿Tú qué opinas?


Atentamente

Tu sobrina que no es normal.

viernes, 1 de octubre de 2010

Fetiche


A solas y escondida en la espesura, se enamoraba de su fetiche. Zapatitos rojo escarlata brillando en el uinhumo grisaseo del bosque resaltando entre su piel de luna blanca.

Los robó de la zapatería,nadie se dio cuenta que salió de puntitas por la puerta principal y al llegar a la esquina, pegó carrera hacia su refugio natural.

Como si no se hubiese agitado, se sentó en calma, desnudó sus huesudos pies de porcelana y se vistió con ellos lentamente. El roce de su piel y la piel del zapatito le exitaba, se sonrojaban sus mejillas mientras la orgásmica sensación le llevaba al éxtasis más apasionado. No se contenía, jadeaba placenteramente, entregada sin condición a su fetiche.

Fiel amante de sus zapatos rojos, al terminar se quedó junto a ellos, abrazándolos a sus tobillos con la correa, descansaba y les miraba tiernamente hasta que por fin anocheciera.