miércoles, 30 de diciembre de 2009

Besos


Te encontraba con ternura en el vaivén de tus besos,


con tristeza y alegría recogía la lujuria en la carne de tus labios,


me enredaste con tu lengua para que no pudiera escapar.




miércoles, 23 de diciembre de 2009

En memoria de Sari



(Esta mujer no es Sari, pero se parece mucho según lo que puedo recordar)


Presa, cautiva, muerta me contuviste.
Bajo los efectos de tu lengua venenosa,
viví bajo tu sombra, hijo, nieta,
ante tanta desvergüenza y la brevedad de mis heridas.
Me fregaste así la existencia,
y ni como madre ni como abuela serví para detener su codicia.
Vagué por unos días como la loca que nunca fui,
olvidada por quienes más amo.
Aún no comprendo hijo mío¿qué fue aquello que no te di?
Seguramente algo me faltó
si no, no estaría aquí,
bajo los efectos del medicamento que me diste.
Los días hasta mi muerte me atormentan,
mi nieta, ¿tan mala abuela fui?
Te lo di todo y tú,
me quitas lo poco que me queda.
No funcionaron mis manos de madre,
buscabas las de la tuya propia.
Después de todo, estoy vieja,
no tengo fuerzas y yo, ya he vivido.
Mi cabello ya blanqueó,
mis huesos apenas resistieron en mi desvarío
y me llevaron todavía lejos,
nadie creería que a mi edad y desorientada
llegara tres pueblos lejos de donde vivía
y me escapara de mis verdugos.
Escapé de mi país,
escapé de la muerte cuando era joven,
y escapo ahora nuevamente, de la injusticia de mi propia sangre.
¿Qué es esto?
¿Es esto la vida o el final de ella?
Antes mi vida dependía de mi
y hoy depende de ti.
Tengo un hijo que me mata
y otro que me rescata.
Así queda el viejo,
vulnerable, necio, triste
y sentado en esta vieja silla
igual a esta edad mía.
Pero sobrevivo aquí,
cada mañana me siento al sol
con las pocas fuerzas queme quedan.
Y vivo un poco más hasta que por fin
deba irme.



lunes, 21 de diciembre de 2009

Olvidé.




Olvidé como escribir, olvidé qué palabras riman armónicamente con otras.

¡No lo entiendo! Es que hay ausencia, un hueco, o algo así que me falta, que no me motiva. ¿Qué pasa? Mi cuaderno está vacío.

Cuento las hojas y están en blanco, ni una gota de tinta las mancha ni las traspasa. El tarro de tinta ya está seco y cuarteado. La pluma se ha cansado de esperar, comienza a hacerse polvo. Pronto volará de nuevo por la ventana en busca de otro escritor, rasgará pronto nuevos papeles y zozobrará de cuando en cuando en un tibio tintero. Será nuevamente autor de los más lindos pensamientos o quizá los más profundos y hermosos recuerdos de alguien.

La tinta yace en vano, no tiene caso escribir palabras invisibles y no creadas, ya no se les dará un cuerpo, ya no se escuchará el dulce rasgueo de la pluma pisando ese papel amarillento.

Ni mi imagen en sepia escribiendo locuras y amores, ni mi mano dolorida con placer para escribir, ni mis ojos deleitándose con sus creaciones, ni el corazón, ni la pasión, ni la locura que es escribir.No sé que soy, un escritor sin escritos, un escritor que no escribe, un escritor sin tinta ni papel.

Olvidé mi oficio, olvidé qué son las palabras, olvidé incluso el aroma de la tinta fresca. Y todo aquí abandonado a su suerte, como una escena intacta de un crimen, nadie pasa, nadie se sienta a escribir, lugar prohibido.

Garabatos, rollos y papiros perdidos y abandonados, tinteros vacíos, de escritor ya no tengo ni el alma, que se olviden que un día aprendí el arte de escribir, porque hoy... hoy lo he olvidado.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Pensamiento


Cielo rojo, luna creciente, montañas negras...

Nada es tan melancólico como lo que siento ahora,

ahora que no sé en dónde estás...

Siguen mis pasos por la carretera,

carretera que recorro desde que nací,

buscando un destino, destino que siempre cambia.

Cielo rojo, luna opaca, velocidad cero...

Cae nuevamente una lágrima, lluvia de estrellas...





jueves, 17 de diciembre de 2009

La piel de tu espalda


¿qué quiere la suerte? que anda por mi casa,
hay algo que quiso decirme al oído y no se animaba,
ya me tiene preso ya sacó su espada,
pretende cobrarse que puso en mis besos la piel de tu espalda...






En plena oscuridad, como de costumbre, y entre la poca luz que entra del exterior,

recordé, sin querer, o tal vez queriendo,

aquella espalda tuya, tan fuerte, tan varonil.

Aquella espalda donde mis labios a veces se escapaban hasta tu cuello,

y donde a veces se paseaban mis dedos para hacerte estremecer.

Recordé, todos aquellos momentos en que besaba cada centímetro de tu piel,

y en cada final de éxtasis acariciar tu espalda,

verla, admirarla, besarla.

Recargarme en ella cuando te enojabas

o cuando tu mirada se perdía en la ventana.

Tu espalda...

Y, si llegaba cansada era entonces mis manos se convertían en su cura.

Mis dedos tocando tu espalda, jugando mientras duermes,

o escuchando un "no te detengas",

era cuestión de darle un roce para lograr ver tu sonrisa pícara,

unos ojos que me desnudaban lentamente

y unos labios que me comían a besos.

En plena oscuridad, recordé, como ya es costumbre,

la piel de tu espalda.

A veces creo sentirla en mis traviesos dedos,

y me vuelvo loca al saber que lo único que puedo tocar

es el aire que queda y en el que tú no estás.

A veces, en plena oscuridad, como es costumbre,

despierto estirando mi mano que trata de encontrarte en vano,

solía estirarme sólo un poco para sentir tu piel y encontrarme totalmente con ella

Tu espalda... cómo extraño tocar la piel de tu espalda

en plena oscuridad, cómo era ya costumbre.